• Marina Christe

"LA INTELECTUALIZACION DEL COLOR" WIDEPRINT #4 JUNIO 2018



El numero 4 de WIDEPRINT, trata fundamentalmente del COLOR, en ese contexto, y despues de conocernos el año anterior a partir de mi convocatoria desde la revista para hacer una charla sobre este tema en el marco de CASA FOA 2017, comenazmos a trabajar juntos, e imaginar desde cero un numero que tuviera como eje este elemento escencial del diseño, las artes y la arquitectura. Desde entonces, reuniones, ideas, propuestas de contenido, fueron llevandonos a reflexionar, y de esa reflexion surgio este ensayo , quizas hipotesis, todavia en aquel momento, que les propuese y de inmediato me alentaron a escribir. La revista es, en las palabras de su editora: ”Un desafío al tiempo. El tiempo que se escurre en las imágenes que hoy llegan y pasan a altísima velocidad. Apostar a la permanencia del papel. Presencia. La página impresa empieza y termina. Es un recorte finito.[...] Abrimos aquí una mirada posible sobre el mundo del diseño. Un recorte. Un encuadre. Un marco acotado dentro de la vastedad del mundo de hoy. Una ventana. En Wideprint conviven la producción local e internacional, entendiendo la construcción del universo material en sus procesos artesanales e industriales. Mostrar el oficio. El “savoir-faire” de los hacedores de objetos y espacios. Poner en valor la especificidad del oficio: los materiales que como arquitectos y diseñadores utilizamos y resignificamos para crear los entornos que habitamos. Poner en valor la materialidad que preserva la sensualidad del mundo que nos rodea.


https://wideonline.com.ar/wideprint/wideprint-4/la-intelectualizacion-del-color-marina-christe/


[ ENSAYO ]

LA INTELECTUALIZACIÓN del color


— Por Marina Christe —


Cuando uno es un ser multidisciplinario, como en mi caso, es muy difícil encasillarse en un solo hacer y el color ha cruzado transversalmente todas mis inquietudes, dándoles un nuevo sentido. Hace tiempo vengo estudiando este tema, leyendo al respecto, interiorizándome, encarándolo desde distintas perspectivas. Y, a través del arte, explorándolo empíricamente. Constantemente me surgen interrogantes sobre la percepción y su interpretación, la armonía y las convenciones sociales, las sensaciones y el simbolismo, la composición y su relación con el espacio, la psicología y las teorías que intentan develar patrones para poder explicar este fenómeno.

Quizás antes de empezar habría que hacer una breve salvedad para hablar de ciertos conceptos y tener en claro qué queremos decir. Cuando hablo de “el color” en este texto, estoy hablando de un concepto en sí. Estoy tomando como statement el uso de los colores vibrantes como manera de expresión creativa y artística. Cuando nombro “los colores”, excepto que los designe como neutros o por su nombre, voy a referirme a los colores saturados, con mayor información cromática, que son los que movilizan mayor cantidad de emociones en nuestra percepción.

Muchos autores han tratado los temas desde todos los ángulos posibles y todas las disciplinas que los atraviesan. Isaac Newton ha desarrollado grandes descubrimientos en las áreas de la óptica y la física. Definición del color que se mantiene hasta nuestros días.

Johann Wolfgang von Goethe, con su obra sobre teoría del color, sentó las bases de la psicología del color que conocemos en la actualidad, destacando la percepción humana como el aspecto olvidado por las teorías newtonianas. Su teoría fue el puntapié inicial para comprender la percepción del color desde el punto de vista sensorial y subjetivo. A partir de su estudio, surgieron muchos más interrogantes. Tanto seguidores como detractores tomaron su postulado para desarrollar nuevas teorías relacionadas con el lado simbólico del estudio de esta disciplina.

En mi opinión, el color es una experiencia visual, una impresión sensorial que recibimos a través de nuestros ojos. La percepción de la misma nos genera sensaciones y emociones y es interpretada por nuestro cerebro en función de nuestro bagaje cultural y social.

La cultura en la que vivimos luego decodifica esas emociones según los cánones de ética y mo- ral, religiones, tradiciones y costumbres que la caracterizan y nos empujan a interpretar nuestra percepción de determinada manera.

Como dice Michel Pastoreau: "Los colores no son anodinos. Cada uno conduce sentidos ocultos, códi- gos, tabúes, prejuicios a los que obedecemos sin saberlo y que pesan en nuestra vida cotidiana, nuestro lenguaje y hasta en nuestra imaginación."


La hipótesis que propongo, después de revisar el color como modo de expresión en la sociedad occidental es: ¿es posible que, a medida que se profundiza en los campos de estudio formales y académicos, se vaya perdiendo el interés en el uso de este ele- mento fundamental de comunicación? ¿Qué relación hay entre el acercamiento al cono- cimiento académico formal de una disciplina artística y el alejamiento de la pulsión sensorial en el uso de esta herramienta expresiva?

Desde mi punto de vista, lo que sucede es que la construcción socio-cultural —la idea del color— se va intelectualizando, como un proceso por el cual intentamos dar una forma discursiva abstracta a las emociones, sentimientos, pensamientos, deseos y conflictos, con el fin de controlarlos. En ese proceso podemos clasificar estas sensaciones, para poder construir normas de comportamiento, teorías y reglas.

Sin embargo, el color es dinámico, inestable, in- quieto, afectado por la luz, por su contexto, por su forma, su textura, el tiempo y, sobre todo, por quien lo mira. Hella Jongerius en Lessons in Colour sostiene que “el color es subjetivo y misterioso”. Esto lo convierte en una fuente incontrolable de mensajes posibles.

Cuando evocamos en nuestra mente las imágenes de la cultura popular en distintos puntos del planeta, quizás coincidamos en que esta imagen está llena de color, símbolos, ritos, re- latos, leyendas, folclore, brillos, imágenes religiosas, vestuarios de seres imaginarios, tejidos, máscaras, ornamentos alusivos a distintos íconos populares de cada una de esas culturas. Y es sencillo unir estos conceptos con la idea de identidad, pertenencia, caos, movimiento, espiritualidad, pulso, ritmo, ruido, desorden, libertad.

Nuestro sistema cultural ha perpetuado algunos de los prejuicios perceptivos que se arraigaron con fuerza desde la Antigüedad. En la sociedad occidental —desde la época clásica, los tiempos de Grecia y Roma— se ha buscado el acercamiento a la gloria, re- presentación simbólica de lo sublime, de la meta artística, religiosa y también científica, en donde el BLANCO, tomó poder como la iluminación, la unidad y la perfección; el punto máximo en la sabiduría. Estos conceptos


volvieron a tomar fuerza históricamente en el Renacimiento, el Neoclásico y en la Ilustración. La representación del conocimiento y el espíritu convergieron, por un lado, en el “simbolismo religioso de la Iluminación”, donde nos despojamos del mundo terrenal y pagano para acercarnos a la austeridad espiritual y, por otro lado, el “simbolismo científico de la Iluminación”, donde nos despojamos de las cuestiones sentimentales y espirituales para acercarnos a la verdad comprobable. Ambos contrapuestos, aunque alineados en su búsqueda de una única verdad pura, estática, fija y atemporal, BLANCA inmaculada.

En contraste, el NEGRO, su antagonista en este juego binario, como signo de distinción, poder, elegancia, sobriedad, simultáneo y contrapuesto, la nada, la muerte, ha tomado mucha más relevancia cuando en la época de la Reforma, el Protestantismo denuncia la ostentación de riquezas de la iglesia. Esto acabará afectando también al uso del color. "La Reforma declaró la guerra a los tonos vivos y profesaba una ética de la austeridad y de lo oscuro [...]. Los grandes reformistas se hicieron retratar vestidos con el humilde color del pecador."1

Alba Ferrer Franquesa y David Gómez Fonta nills, en su escrito Color y Cultura, comentan que “Vivimos en una cultura de raíz grecorromana, modelada por el cristianismo y reinventada por la emergencia de las sociedades industriales y la Ilustración. Las concepciones filosóficas del mundo, los símbolos y las controversias religiosas, la investigación y las teorías científicas, la producción de tintes y pigmentos, la práctica artística, la elaboración de códigos de comunicación y la moda, son algunos de los elementos que han configurado y modifican los usos e interpretaciones del color."

En su tesis, Javier Aoiz Orduna, se centra en la relación del BLANCO con la cultura occidental contemporánea: “El blanco lo envuelve todo con su tamiz, devora lo que tiene a su alrededor. Está en todas partes, en el arte, en el cine, en la moda, en nuestras casas, en el gusto estético. Pero también en nuestra manera de mirar el mundo, en la forma en que observamos, tocamos, oímos, probamos, es decir, en nuestro modelo cultural. Es puro, limpio, claro y saludable. Moral y racional. Denota estatus social, autoridad y orden”.

1Pastoureau M. y Simonnet D., Breve historia de los colores, (2006).

De este modo vamos perdiendo esa pulsión sensorial, irracional y directa. La vamos trans- formando con cuestionamientos, reflexiones, análisis. Moldeando a través del método del pensamiento científico la nueva manera de mirar, ahora es desde un punto de vista organizativo, morfológico, estructurado, ordenado, que el color le cede el lugar a la forma. Su respectiva interpretación de la percepción se complejiza, en tanto se aleja de los sentidos primarios. Se va sintetizando la imagen y, a medida que esto sucede, se va “depurando”, se va alejando de los tonos vibrantes. Estos quedan más conectados con las emociones del mundo popular, interpretadas por una imagen más pintoresca, barroca, recargada, hasta kitsch, donde los rituales, lo místico y el simbolismo tienen un lugar preponderante, absolutamente colorido, exagerado, extravagante, asociándose con la música, la gastronomía, la alegría, la diversión y lo sagrado.

Aunque se suele decir que no todo es blanco o negro, lo cierto es que tendemos a pen- sar el mundo en oposiciones. Eso simplifica nuestra manera de mirar el mundo y también los colores. Sin embargo, todos sabemos que existen miles de matices y, en este caso, un espectro de color que en cada cultura es de- codificado de manera diferente.

En El pensamiento salvaje, publicado en 1962, Claude Lévi-Strauss defiende desde la antropología estructuralista que la cultura es reducible a y analizable en oposiciones binarias. Así, traducimos las sensaciones a opuestos, tanto en la vida cotidiana, como en el lenguaje del color. Blanco y negro, fríos y cálidos, saturados y neutros. De esta manera comenzamos a divisar un sistema implícito en el cual, a medida que nos adentramos, desciframos un código que todos asumimos como dado pero que, sin embargo, es impuesto. Ese lugar “gris” de incomodidad, donde no todo es “blanco o negro”, nos tiene que servir para reflexionar.

Cuando nos preguntemos cuán real es esta idea, cuánto de esta percepción podemos asumir y cuán incorporados tenemos estos paradigmas, será muy interesante desandar el camino, viendo cómo el color vuelve a tener relevancia en la tendencia local una vez que pasa por las manos de nuestros referentes internacionales que, en la búsqueda de la novedad, toman los colores y el uso de los mismos de civilizaciones extranjeras (exóticas). Los decodifican, los legitiman, los integran a la moda y nos los entregan como una nueva propuesta que nosotros percibimos como tendencia válida.

Si miramos más en nuestro interior, más a nuestro alrededor y menos más allá, preguntándonos quiénes somos, vamos a poder encontrar una identidad que nos refleje genuinamente, en donde lo anteriormente ex- puesto, conviva en armonía, entendiendo que somos el resultado de nuestra propia historia, sin dejar de cuestionarnos esa realidad.


MARINA CHRISTE


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